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Marcos Peña: el ocaso del elegido

Para Macri era su sucesor ideal, pero la crisis económica y política del Gobierno lo puso en el centro de las críticas, y se multiplican las voces de quienes piden que deje la Jefatura de Gabinete. Del poder total a la resistencia para quedarse. Los enemigos.

Se lo pide el amigo más amigo, se lo recomienda la política cercana y la no tanto, lo reclama el círculo rojo, y se lo marcan desde los medios; no obstante, Mauricio Macri mantiene contra viento y marea a Marcos Peña como jefe de Gabinete. El hombre que concentró todo el poder de Cambiemos durante los dos primeros años de gobierno ha caído en desgracia por una impericia atada a su convicción de descreer de la política tradicional, por su soberbia y por haber cosechado demasiados enemigos, sobre todo, puertas adentro.

En medio de la crisis, Peña quedó apuntado como uno de los principales responsables, y su influencia cayó notablemente.  Quien soñaba con ser el sucesor de Macri, lejos de eso, hoy lucha por mantenerse en un cargo clave cerca del Presidente, pero los reclamos para que sea reemplazado ya exceden las charlas privadas. Los pedidos de un cambio en la conducción política van desde Nicolás Caputo hasta los ninguneados radicales, pasando por María Eugenia Vidal, Horacio Rodríguez Larreta, los influyentes empresarios del círculo rojo y hasta Mirtha Legrand.

Macri ha elogiado a su ministro considerándolo el Kennedy de Argentina. En el Pro, algunos empiezan a trocar la expresión con tono de humor negro: “Ahora es Kennedy después del tiro…”. Es que para muchos, Peña está liquidado políticamente y sólo le queda el respaldo del primer mandatario; lo cual, por cierto, no es poco, pero cada vez alcanza menos para evitar el co-lapso de su carrera política. Sobre todo porque el Presidente también atraviesa su momento más crítico.

Una de las opciones barajadas para darle una elegante salida es mandarlo al Minis-terio de Relaciones Exteriores y Culto, donde brilla Jorge Faurie. “Cancillería se-ría sacarlo del país pero no del gabinete, lo otro sería destierro”, consideró  un dirigente que opera políticamente en la provincia de Buenos Aires.

Por lo pronto, Peña sigue como jefe de ministros, aunque esa oficina, en la que opera el tridente hasta ahora más temido (Peña, Gustavo Lopetegui y Mario Quintana), sea la que, notoriamente, ha perdido el mayor caudal de poder. Y no sólo en lo político, donde asciende Rogelio Frigerio y operan como salvaguardas del Gobierno nacional los gobernadores Pro María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta; también ha perdido el control de la economía, concentrada cada vez más en Nicolás Dujovne.

Curioso, el titular de Hacienda y Finanzas también tiene chisporroteos permanentes con la cabeza ministerial, pero él tampoco goza de la simpatía de los pesos pesados del macrismo y de los socios políticos en Cambiemos. Los cruces de la última semana entre Dujovne y Peña, por la supuesta inclusión de impuestos a los turistas que viajen al extranjero, dejaron nuevamente en evidencia la falta de coordinación y diálogo de un gabinete superpoblado pero carente de simbiosis.

El ascenso de Macri a la Presidencia significó la ruptura de una estrategia que había llevado adelante en la Ciudad, donde delimitó claramente las funciones de sus principales espadas: Rodríguez Larreta se quedó a cargo de la gestión; Peña, de la comunicación; y Emilio Monzó, de la política. A partir de 2015, con Larreta al frente de la Jefatura porteña y Monzó en el Congreso, tomó todo Marcos Peña. La centralización de la gestión, la comunicación y la política quedaron bajo el mando del jefe de Gabinete.

Fue así durante dos años, con un triunfo electoral de por medio que potenció el asilamiento amarillo propuesto por Peña. Ahora, la crisis económica y la falta de consensos políticos se le volvieron en contra. Renegar de la política, en Argentina sigue siendo una utopía escandinava.

“Mauricio le delegó el poder, y muchas veces parecía que el conductor era él”, señaló a este medio un diputado conocedor de la interna. Hasta ha llegado a retar al Presidente frente a otras personas cuando entendía que el mandatario iba por una decisión equivocada. Con ese aval, el “Kennedy argentino” pretendió llevar al ámbito nacional un esquema para prescindir de la política en una relación directa del conductor con la gente, porque Peña no cree en la intermediación política.

La intermediación política tradicional de la que reniegan Peña y Durán Barba, precepto que inocularon a Macri, se hace imprescindible por estas horas. Es lo que piden Vidal, Rodríguez Larreta, Monzó, la cúpula del radicalismo y hasta el ordenanza del Pro, pero es de lo que sigue renegando el Presidente; aunque ya Peña, por propia conveniencia, quisiera hacer excepciones.

os medios de comunicación, tampoco, son del agrado del ministro. Cree que dejaron de ser el mejor canal para llegar a la gente. Ahora, los multimedios nacionales le devuelven la bofetada, pero Peña hace de tripas corazón y, en la decadencia, recurre a ellos para tratar de salvar su ropa. En picada, también busca en la negociación política (de la que hasta ayer renegaba) manos que puedan apaciguarle el pe-ríodo adverso. “En la crisis, no para de operar y de buscar apoyo en los medios”, graficó un viejo enemigo interno.

Si a Marcos Peña le criticaban la so-berbia cuando estuvo en la cresta, y eso lo llevó a cosechar enemigos, ahora, los principales cuestionamientos pasan por su exceso de optimismo cuando las cosas marchan torcidas para el Gobierno. Ciertamente, es un positivista total, todo lo ve desde el “vaso medio lleno”, porque piensa que vender optimismo es más importante que la marcha de la política y la economía.

Al “pibe de laboratorio”, como lo llaman en círculos políticos, le molesta que le digan “comunicador”; se asume político, y si un periodista lo denomina vocero del Gobierno es capaz de llamarlo para aclararle que su función es política y no de comunicador. También le sirve como estrategia para hacerles fintas a las críticas por los errores comunicacionales del Ejecutivo.

El hombre convive también con contradicciones familiares acerca de la ideología. Hijo de un hombre de la derecha que trabajó junto a Carlos Menem, tiene una familia política de militancia izquierdista. Quizá por eso hay quienes lo tildan de derechista culposo o liberal progresista.

Poco afecto a firmar expedientes, Peña descarga la burocracia de la Jefatura de Gabinete en Gustavo Lopetegui y Mario Quintana. Y, en su favor, tanto desde adentro de Cambiemos como desde afuera, se destaca su austeridad, su poco afecto a la ostentación y la carencia de sospechas de corrupción. Sí es proclive a impulsar so-bresueldos para compensar los malos salarios de la administración pública.

En ese sentido, una lupa que se posa so-bre el jefe de Gabinete es la predilección por contratar consultorías externas, que cobran más que cualquier asesor. Por citar sólo un ejemplo, Ezequiel Colombo, ex subsecretario de Contenidos de Difusión, dejó la Casa Rosada pero sigue siendo uno de los principales asesores.

Quienes conocen a Peña de trabajar muchos años junto a él dicen que su deseo es despedirse de la política no demasiado grande, y aprovechar la experiencia (que soñaba con final presidencial) para hacer consultoría internacional y dar cátedras en universidades del mundo.

Hoy puja por que esa carrera política no se vea cercenada antes de tiempo. Pe-lea contra un vendaval de dirigentes y actores sociales que exigen su cabeza para reordenar políticamente al Gobierno. Por ahora, Mauricio Macri lo sostiene, porque el Presidente está convencido de que el rumbo marcado por Peña y Durán Barba es el correcto, por más que sea cada vez mayor el universo que opina lo contrario.

Relación desgastada con Vidal y Horacio Rodríguez Larreta

Para la tribuna, el Pro siempre intentó vender una imagen de familia unida. Sin embargo, como en todas las familias, hay cuitas internas, que a veces se ocultan muy bien y otras, no tanto. En el inicio del gobierno de Cambiemos, todo era buena onda, pero con el paso del tiempo afloraron las tensiones, y reaparecieron viejas diferencias, como el poco aprecio que Marcos Peña tiene por María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta.

Un dirigente que impulsó la candidatura a Gobernadora de la dama recordó una frase que le atribuye a Peña antes de que la actual mandataria fuera la bendecida para competir por la Provincia. “Tené ciudado, Vidal tiene cara de buena y camina como un patito, pero es una hdp”, asegura el político que le espetó Peña en la cara.

De todos modos, ya con Vidal en el sillón de calle 6, el jefe de Gabinete se acercó a ella y se alejó más del titular del Ejecutivo porteño, con quien prácticamente nunca tuvo buena sintonía. Incluso, Peña habría criticado recientemente al calvo mandatario en reuniones donde había más de dos o tres personas. En cambio, Vidal y Larreta jugaron siempre en el mismo lado de la cancha.

La sintonía entre la Provincia y el jefe de Gabinete nacional duró hasta que Macri, apresuradamente, dijo que en la línea sucesoria veía a Marcos y a María Eugenia. Bastó para crear una competencia, que Peña tomó demasiado en serio.

De inmediato puso la lupa sobre las acciones y gastos de la administración provincial, y hasta quiso avanzar sobre algunos funcionarios clave, como su par bonaerense, Federico Salvai. Mala jugada: Vidal no sólo dejó en claro que era su mano derecha, logró también entronar a Salvai como secretario político del Pro nacional y cercenó cualquier avance sobre su equipo de gobierno.

Las vueltas de la política hacen que ahora, en el descenso de Peña, sean los dos gobernadores Pro quienes tejen soterradamente las alianzas políticas que el Gobierno necesita, y los más influyentes entre los que le “insinúan” a Macri la necesidad de dar un vuelco en la economía y en la manera de conducir la política. Lisa y llanamente son los pesos pesados de adentro de Cambiemos con los que Peña debe lidiar para mantener el cargo. Si fuera por aquellos, este ya no sería el jefe de los ministros.

“Su mensaje está un poco corto, no logra penetrar en la sociedad”

“Es relativo que Marcos Peña haya perdido poder. Sí me parece que ha tenido a cargo la estrategia comunicacional para enfrentar la crisis que estamos viviendo y, posterior a la corrida de mayo, ha empezado a no ser tan efectiva como parte de esa discusión”, señaló el sociólogo Pablo Romá, titular de la consultora Circuitos.

“Se está discutiendo cómo salir de esta crisis, y el discurso de Marcos Peña de que está todo bien, o cierta noción de que no hay grandes problemas, ya no es efectivo, porque la sociedad percibe otra cosa. Quienes tienen a cargo gestiones informales, como Vidal o Larreta, entienden que comunicar eso no genera un diálogo con la sociedad, que está esperando que el Gobierno asuma que hay una crisis, que asuma un diagnóstico real y que ejecute políticas para resolverla”, agregó.

Para Romá “hay una disputa de poder hacia el interior de la fuerza de Gobierno”, y “Marcos Peña tiene una línea di-recta muy importante con el Presidente”.

“Al Gobierno le vendría bien un cambio. No sé si de Peña en particular, porque depende de quién lo reemplace, pero parece que el Gobierno necesitaría hacer un retoque en su política. Peña ha sido un funcionario muy importante para la gestión Macri, pero, a partir de la crisis de este año y desde la reforma previsional, su mensaje está un poco corto. No logra penetrar en la sociedad como sí lo ha conseguido en la estrategia electoral que tuvieron tanto en 2015 como en 2017”, finalizó, el sociólogo.

Emilio Monzó, el enemigo interno que clama un acuerdo político

Cuando en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, con Macri como jefe de Gobierno, Horacio Rodríguez Larreta se encargaba de la gestión, Emilio Monzó de los acuerdos políticos y Marcos Peña de una exitosa co-municación, todo funcionaba como un reloj. El trío hacía lo suyo sin meterse en terreno ajeno, y la sintonía entre Peña y Monzó era mucho más aceitada de la que ellos dos tenían con Larreta.

El Macri jefe de Estado desarmó esa maquinaria: Rodríguez Larreta se quedó en la Ciudad, Peña con todo el control del Gobierno nacional, y Monzó fue a un Congreso que el Presidente siempre devaluó, porque no deja de considerarlo nocivo desde su visión de la política. Bastaron un par de opiniones encontradas entre el titular de la Cámara de Diputados y el jefe de Gabinete para resquebrajar la relación entre ambos, hasta llegar al punto de ser los máximos enemigos internos.

Monzó, y su álter ego en Diputados, el presidente del bloque Pro, Nicolás Massot, insistieron desde antes de las elecciones 2017 que, aun en el triunfo, Cambiemos debía tener la generosidad política de abrir el juego y sumar aliados para conseguir leyes que creían fundamentales; y que ahora necesitan por exigencia del FMI, pero se hace cada vez más cuesta arriba llegar a esos consensos.

Cansado de no ser escuchado como en los tiempos del Pro porteño, Monzó decidió anticipar un portazo y decir que no estaría un período más como presidente de la cá-mara. Hasta negoció con Macri la embajada de España. Ahora, aunque la promocionada mesa política de Cambiemos lo haya vuelto a incluir, y esa mesa siga sin ser demasiado escuchada por el Presidente, Monzó declina cualquier viaje.

La espada macrista en el Congreso pide un acuerdo político amplio, una convocatoria a todos los sectores que construya una tabla de diez mandamientos que todos se comprometan a cumplir. Una apertura cada vez más pedida desde adentro, pero a la cual, todavía, Macri resiste.

Aliado a Rodríguez Larreta y con las cosas recompuestas con María Eugenia Vidal (pese a las recomendaciones en contrario que Elisa Carrió hizo a la Gobenadora), Monzó forma parte del trío de poder que está en la vereda de enfrente de Peña. Particularmente construye política sin sacar los pies del plato, pero sin la certeza de que sea para la reelección de Macri. No es el único en la alianza gobernante que especula con otras opciones. En principio, una opción: Vidal. También eso esconde un deseo del di-putado, que nunca dejó de añorar la provincia de Buenos Aires.

Archivos que lo condenan

En una entrevista que le realizaron en el programa Los Leuco antes de que Mauricio Macri fuera Presidente, Marcos Peña señaló que era “una mentira” la afirmación que se hacía desde el kirchnerismo acerca de una futura devaluación de la moneda. “No hay ni brusca devaluación, ni ajuste previsto”, expresó el actual jefe de Gabinete nacional.

Alfredo Leuco le repreguntó: “¿Usted se compromete a que no va a haber devaluación?”, y Peña respondió: “El tema central es que no va a haber un ajuste porque venimos de una economía ajustada, devaluada en los últimos años. Lo que necesitamos es crecer, fortalecer el peso, combatir la inflación, generar empleo”.

Insistió en que el gobierno de Macri iba a generar confianza en los inversores. Junto a Peña, Rogelio Frigerio reafirmó esos. Dos años y medio después de la asunción de Cambiemos, Argentina atravesó dos fuertes devaluaciones, el proceso inflacionario no se detiene, rompiendo todas las barreras que quiere poner el Gobierno, y la prometida primavera de las in-versiones es una estación que nunca llega.

Roberto Bacman: “Es difícil pensar que puedan correr a Peña del Gobierno”

Roberto Bacman, responsable de la consultora Centro de Estudios de Opinión Pública (CEOP), consideró que “el Gobierno está pasando una crisis muy grande. Empezó siendo una crisis económica y terminó siendo política. Desde ahí es donde hay que pensar el terreno que pierde Marcos Peña”.

Para el analista, el jefe de Gabinete “tuvo mucha influencia en la economía a través de Quintana y Lopetegui, de lo que fue ese Ministerio de Economía todo desdoblado; y en el primer punto donde empieza a perder poder Marcos Peña es en el nombramiento del ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, como el coordinador del Gabinete, y de (Luis) Caputo como titular del Banco Central”.

“Hubo muchos errores comunicacionales. Lo hicieron hablar a Macri en una conferencia de prensa enojándose con los diputados cuando iban a votar la ley de tarifas, y las últimas comunicaciones del Presidente no fueron muy acordes al tema que el Gobierno quería instalar del diálogo, del cambio cultural. Para muchos votantes termina siendo un kirchnerismo con mejores modales”, ahondó Bacman.

El consultor apuntó que “la crisis política se ve en la intención de voto, en las en-cuestas; han perdido imagen. Hace un año ganaban cómodos en la primera vuelta, hoy están peleando la segunda vuelta. Hay que ver quién puede ser el candidato, ver qué hace Cristina, con quien ellos siguen antagonizando”.

“Es difícil pensar que puedan correr a Marcos Peña del Gobierno. Se habló de reemplazarlo por (Juan) Urtubey, también que estuvieron hablando con Duhalde para peronizar el gabinete, que necesitaban una pata peronista para darle otro perfil al Gobierno”, respondió el titular del CEOP .

Los trolls siguen funcionando, siguen mandando barbaridades. Hay muchos errores que nada tienen que ver con Peña, sino con el poder que les dio Macri a cada uno de los ministros. No cambiaría en nada la salida de Peña. Lo que sí beneficiaría al Gobierno es rever algunas políticas económicas que han tenido”, concluyó Bacman.

 

2018-07-11T14:05:55+00:00 julio 11th, 2018|Destacada, Nacional, Política|