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Una excursión a Plaza de Mayo

Por Juan Rubis

Una marcha como la del 1A es una postal de la democracia y hay que celebrarlo; no hay duda de ello. Tampoco hay duda de que produce cierta confrontación. Eso es ineludible. Pero después de todo ¿no se trata de eso la democracia? La política parlamentaria de confrontación se sostiene y se replica en las calles. Pero para llegar a eso fue necesario que un sector que hasta hace poco desconocía e ignoraba ese terreno, hoy empiece a dar sus primeros pasos y a reconocerlo como propio.

Por eso, si hay algo que la sociedad en su conjunto, sin distinciones partidarias, debe agradecerle a los doce años de kirchnerismo es esto: el haber despertado esa conciencia política que, si bien desgraciadamente parece no ir más allá de la dicotomía K / anti K, es sumamente sana para nuestra democracia ya que es esa conciencia la que hoy empuja a la sociedad entera a movilizarse si lo cree necesario.

Que históricamente el peronismo y la izquierda hayan sido los que hacían política en la calle es sumamente lógico. Las izquierdas, incómodas para todos los gobiernos de turno, siempre se vieron obligadas a volcarse a las calles y a los sindicatos para presionar desde allí mientras que el peronismo nació como movimiento un 17 de Octubre precisamente en las calles. Lo nuevo es que el monopolio de ese espacio mítico parece haber encontrado un nuevo contendiente: la Plaza de Mayo y otros puntos del país fueron copados por otro sector de la sociedad.

Este sábado un sector social que no se representa ni en las izquierdas ni en el peronismo salió a la calle. Colmaron la plaza y superaron todas las expectativas. Dentro de su heterogénea composición, se identificaban bajo consignas como defender la democracia, la república, a Macri y a su gobierno o, simplemente, que no vuelvan los K. Pero olvidémonos por un momento qué es exactamente aquello que los aúna. Centrémonos –y celebremos– que esa porción de la sociedad que antaño no se interesaba por la política o, al menos, no se tomaba el trabajo de salir a la calle, hoy lo está haciendo, está marchando. Y esto –marchar– es quizá uno de los actos más ricos en la vida democrática: es decir acá estoy, pongo mi cuerpo junto a otras miles de personas por algo que pienso, creo y sostengo, para apoyar o para rechazar esto o lo otro. Celebremos que ya no son necesarios golpes de estado, celebremos que todo sucede en el marco de la democracia (que no es un detalle menor para la Argentina). Celebremos que hay lugar para todos.

Y aquí hay que hacer un parate para agradecer que si algo aprendimos los argentinos en estos últimos años –de forma intencionada o no intencionada– es a ser un poquitito más críticos, a tomar postura. Una gran parte de la sociedad se interesó más por la política y esto se percibe en el día a día. Que cada vez sean más los programas de televisión en los que se habla de política –a pesar de la espectacularización de algunos– es grandioso, impensado años atrás. Que todos nos sintamos dueños de las calles, capaces de salir a manifestarnos, a reclamar o a apoyar, también lo es. Que se discuta política en los hogares, en las redes, entre amigos; que los primerizos políticos devengan ciudadanos activos de la democracia y salgan a las calles es, por lo menos, rico para la democracia. No cabe duda de que esta conciencia de la que estamos hablando es moldeada en gran medida por los medios de comunicación y por su capacidad de influir en las personas. No hay duda de que este punto es central para una democracia sana y que merece una extensa discusión aparte.

Lo que ocurrió y está ocurriendo es histórico. Otro cantar son los discursos que nazcan a partir de lo del sábado: que la grieta, que quién lleva más gente, qué pasará a partir del paro del jueves, etc. Lo que es cierto es que el presidente podría haber capitalizado de otro modo lo que sucedió. Podría haber hecho algún pequeño esfuerzo por unir a los argentinos; en su lugar prefirió hacer eje en los micros y el choripán. Es probable que algunos se hayan sentido ofendidos o usurpados luego de lo ocurrido, pero hay que esperar para saber si aquello fue una transformación en la política argentina o fue tan solo una excursión a Plaza de Mayo.

2017-04-03T17:01:34+00:00 abril 3rd, 2017|Editorial, Política|