Trump llega a las elecciones intermedias en EE.UU. agitando el fantasma del fraude y con riesgo de perder el Congreso

Los demócratas llegan como favoritos para recuperar la Cámara de Representantes y podrían quedarse con el Senado en los comicios de este martes, frente a un Trump desgastado por la guerra con Irán y su impacto en los precios de la energía. Las cuentas en cada cámara, los factores que pueden definir el resultado y por qué la disputa podría extenderse más allá del recuento.
Donald Trump llega a las elecciones de medio término de este martes con las encuestas en contra y una pregunta que va más allá del resultado: qué papel podría asumir el gobierno federal en el conteo y la certificación de los votos. El país llega polarizado por la ofensiva contra Irán, con las insinuaciones de fraude electoral del propio presidente y con el ataque al Capitolio como telón de fondo.
Los comicios renuevan las 435 bancas de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado, y hoy los republicanos tienen mayoría en las dos. Para Bruce Stokes, investigador asociado del programa de Estados Unidos del think tank Chatham House, a esta altura es una elección «que los demócratas no deberían perder”. Los pronósticos les dan una mayoría holgada en la Cámara baja. La llave está en el Senado, que podrían recuperar solo si la tendencia nacional se inclina con fuerza a su favor.
Las cuentas del Congreso
Para quedarse con la Cámara de Representantes, los demócratas necesitan 218 bancas y hoy tienen 214. Por la polarización y el rediseño de los distritos, los analistas estiman que solo unas 21 bancas están realmente en disputa. Aun así, la mayoría de los pronósticos les da entre 220 y 230 escaños.
En el Senado el camino es más estrecho. Los republicanos tienen 53 de las 100 bancas y, como el vicepresidente desempata, los demócratas necesitan ganar cuatro sin perder ninguna propia. La primera parece encaminada en Carolina del Norte, donde el exgobernador Roy Cooper lidera las encuestas. Las otras tres deberían salir de Alaska, Maine, Ohio, Texas o Iowa, todas contiendas parejas. Al mismo tiempo, deben retener Michigan, donde su senador se retira en un estado que Trump ganó en 2024. El antecedente juega a favor de la oposición: en las últimas cinco elecciones de medio término cambió el control de al menos una de las cámaras.
Irán, Ormuz y el desgaste de Trump
Según los sondeos que cita Chatham House, una mayoría de los estadounidenses considera que ir a la guerra con Irán “fue un error”. El conflicto en el estrecho de Ormuz presionó sobre los precios de la energía, una suerte de bandera roja para el electorado. Además, más votantes registrados confían en los demócratas que en los republicanos en tres frentes atravesados por la guerra: el precio del combustible, la economía y la política exterior.
En ese escenario, la aprobación de Trump ronda el 30% según distintas encuestas, entre ellas la del Pew Research Center. La última medición de Reuters/Ipsos citada por Chatham House, de fines de septiembre, le daba 32% de apoyo y 66% de rechazo. Según ese sondeo, la mayor parte de los votantes registrados, y la mayoría de los independientes, dice que su voto será “mayormente contra Trump”.

La batalla por la participación
La participación será otro factor decisivo. En las elecciones de medio término promedia menos del 50%, contra cerca del 60% en las presidenciales. Los demócratas aventajan a los republicanos por entre 6 y 14 puntos en la intención de voto por partido y aparecen más movilizados: el 79% dice estar extremadamente motivado para votar, contra el 69% de los republicanos.
Hay, sin embargo, factores que podrían achicar la diferencia: el 83% de los republicanos que apoyan con fuerza a Trump asegura que irá a votar, y el partido cuenta con más recursos para movilizar a su electorado.
El día después y el fantasma del fraude
La agencia Reuters puso el foco en otro de los ejes de la elección: si se reconocerá un resultado que podría significar un golpe para la agenda del presidente. Su informe incluyó entrevistas a más de 50 funcionarios, expertos y abogados electorales. “Por primera vez, no solo en sus carreras sino en la historia de Estados Unidos, los funcionarios electorales consideran la posibilidad de que el gobierno federal no solo no sea un socio sino un adversario que busque interferir activamente en la elección”, sostuvo David Becker, director del Center for Election Innovation & Research.

El mayor riesgo, coinciden los consultados, es una cadena de investigaciones, demandas y disputas capaz de trabar la certificación del resultado. En paralelo, el Departamento de Justicia desplegará 1.000 observadores federales, casi el doble que en 2024.
A esas señales se suman las acusaciones del propio mandatario. En junio denunció sin pruebas que el sistema electoral de California estaba “arreglado”, cuando sus candidatos a gobernador y a alcalde de Los Ángeles se encaminaban a la derrota. En la convención republicana de septiembre hizo recitar a sus seguidores un juramento: “No me importa si estoy registrado o no, voy a intentar hacer trampa a lo loco, como hacen ellos”. Según la organización States United Action, que sigue a los políticos que cuestionan la legitimidad del proceso electoral, hoy hay funcionarios que sostienen que la elección de 2020 fue robada en al menos un cargo estatal con control electoral en 20 estados, frente a 17 en el ciclo anterior.
La Casa Blanca sostiene que su objetivo es proteger la integridad electoral. La Constitución deja la administración de las elecciones en manos de los estados, y los tribunales ya frenaron varias iniciativas del gobierno federal. La fecha clave será el 3 de enero, cuando asuma el nuevo Congreso: si quedan bancas sin certificar, en una Cámara de Representantes muy dividida unos pocos escaños podrían inclinar la elección de su presidente.



