26 de agosto de 2026

Apunten contra la Argentina

Hay una tensión en el aire, una molestia que se evidencia en lo cotidiano. Es “el tema del que se habla”, una repentina corriente de opinión que, describen los entrevistados, comenzó hace un par de semanas fuertemente en redes, a la que se subieron enseguida los medios tradicionales, desde la misma lógica de captar audiencias “pegándose a la conversación”. Y que explotó tras la final Argentina-España. La acusación de “malos perdedores”, “jugadores sucios”, “violentos”, “ventajeros”, y también “racistas”, se expande como una mancha sobre la identidad nacional.

Las escenas van desde repentinos comentarios molestos y fuera de lugar en el trabajo o en una consulta médica, hasta pasar al acto en situaciones de acoso y violencia física. Las y los argentinos que viven en el exterior assiten a situaciones que algunos analizan como parte de la histórica segregación europea, pero que todos confirman novedosa en un punto: se instaló como un ataque metonímico entre la Selección y “los argentinos”, e incluye un ataque a la figura de Messi.

Teorías conspirativas

“La situación acá fue empeorando a lo largo de todo el Mundial, en la calle, en los comercios, con mis compañeros de laburo. Primero fueron las teorías conspirativas ridículas, que la FIFA, que Infantino, que el partido comprado. Empezó a circular como una verdad y ese fue el primer caldo de cultivo”, analiza Javier Pardo, desde Barcelona.

“Siguió con ‘son sucios, son violentos, pegan’. O: ‘son soberbios’. Y no me preguntes cómo, pero a partir de la final se transformó en comentarios xenófobos, racistas, de odio, que directamente te los dicen en la cara. Como que se sienten habilitados”, analiza.

“Yo acá trato con gente piola, progre, ponele, de todas partes de Europa. Los vi cómo iban cambiando de camiseta en el Mundial, siempre iban en contra de Argentina. En los grupos que compartimos se terminó armando quilombo. Hay un odio que está exacerbado por el fútbol, pero que viene de algo mucho más profundo“, concluye. Incluso en Catalunia parecen haber abrazado la foto del rey celebrando la Copa.

“Acá uno siempre es ciudadano de segunda, sos sudaca, sos el ‘panchito’, como nos llaman ahora. Los comentarios más despectivos van para los moros y los inmigrantes africanos. ¡Ah, pero Lamine Yamal y Nico Williams, son otra cosa! ¡Y nos vienen a decir que somos racistas porque no tenemos ningún negro en el equipo!“, se ríe Paula, también desde Barcelona. ”De los catalanes he escuchado los comentarios más xenófobos, acá el racismo es una cosa brava en serio. Han dado vuelta las cosas y sí, hoy nos acusan de racistas a nosotros, y no pierden oprtunidad de hacerte un comentario desubicado", confirma.

La escena del subte

Federico Maggiore vive desde hace años en Barcelona y es periodista deportivo, así que mira el tema bien de adentro. El día de la final protagonizó una escena en el metro que alguien filmó y terminó viralizándose en redes: se lo ve solito de un lado del andén, agitando su camiseta argentina y felicitando a una nutrida hinchada española que aparece enfrente, los aplaude, se ríe, se ríen juntos.

Hasta ahí, todo venía con la mejor de las ondas. “Los aplaudí y me aplaudieron, nos cagamos de risa, ya está, buenísimo. Cuando se va el coche, vino un flaco y me quiso pegar, de la nada. Nos separó otro español”, cuenta. “Claramente noto que afloró un enojo dedicado. Es como todo, no se pueden hacer generalidades, mi pareja es española, imaginate si no los quiero. Yo nunca tuve problema con nadie. Pero con el Mundial se puso re caliente, lo percibo todo el tiempo”, asegura.

Nair Stoppiello responde a la consulta cuando está por ingresar al recital de María Becerra en el Poble Espanyol de Barcelona, “un momentazo”, dadas las circunstancias.

“Sin querer se me viralizó un video que estaba dirigido a los ingleses, y a partir de ese momento empecé a recibir mucho hate, tuve que bloquear y restringir comentarios. No es lo cotidiano, no he tenido problemas con compañeros de trabajo. Pero sí la gente que sigo de acá y que conozco comparte cosas que me duelen. Ojo, son de ambos lados, es un tiroteo constante que me angustia viviendo acá“, lamenta.

“Por suerte no viví ninguna experiencia fea, más allá de que me insulten el día de la final por llevar la camiseta puesta, y eso lo entiendo. Gente que dice tonterías hay en todos lados, pero agarrar a unas pocas personas que comparten tonterías para representar a 47 millones de personas, y para justificar tanta violencia, eso no está bueno“, observa.

Un cambio de imagen

Nicolás Adet Larcher tiene 35 años, es santiagueño y vive con su pareja en Barcelona. Describe que ha visto “un poco de todo”: “Vi a un hombre con una bandera de España gritándole “ocupas” a un grupo de argentinos, vi a argentinos felicitando a españoles por el triunfo, ví a un español decirle a un argentino que nos lo merecíamos nosotros... En la convocatoria a la que fui después de la final se cruzaron las hinchadas y estuvo todo bien", repasa.

“Pero sí es verdad que los medios de aquí han difundido videos de agresiones en Madrid y también es cierto que nuestra imagen cambió. Me lo dijo un chico que coordina en redes una comunidad de argentinos de aquí, que cuatro años atrás todos hinchaban por Argentina y ahora no. También me ha comentado gente que vive en otros lugares de Europa que decir que sos argentino hoy está más asociado a Milei que a Maradona, y que eso produce rechazo por el apoyo del gobierno nacional a Israel. Lo hemos visto después de la final de manera mucho más explícita, pero era algo que ya se comentaba aquí“.

Las situaciones no se agotan en España: Fernando Bralo vive en Bordeaux. Describe con incredulidad el encare de un compañero de trabajo: ‘¡Así que son violentos los argentinos, eh! Más respeto de ahora en más’. Lo mismo su amigo que trabaja en Suiza, de parte de un suizo español: ‘¡cómo pueden ser ustedes tan racistas!’“. Situaciones que aparecen fuera de contexto, ”de la nada", captando algo de la conversación pública que termina arrojado como una acusación personal.

Racismos

Será llamada “Ana” a los fines de esta nota, y no es la única que pide reserva del nombre, lo cual también da una pauta de la tensión con la que se está viviendo el tema. Vive en Madrid desde hace más de dos décadas. “Salir a la calle después de leer y saber lo que la gente piensa de los argentinos, es muy desagradable”, lamenta. Y pone en contexto: “A mí no me ha pasado nada ahora, pero sí me han amenazado con pegarme en la calle, por ser morena y llevar un pañuelo en la cabeza, estilo africano. ¿De qué racismo me hablan?“, compara.

Y concluye: “Me parece que es una vergüenza que un país responsable de la muerte de millones de indígenas, que llama a los latinoamericanos con rasgos indígenas o simplemente morenos “panchitos”, “machu pichu” o cosas por el estilo, que hace poco protagonizó un pogromo contra personas de origen árabe, y que deja morir en el mar a cientos de personas que vienen de Africa, se crea con altura moral de llamar a los argentinos racistas. Y es lo que está pasando".